Siempre he sido bastante escéptico respecto a la religión y por ello me he acercado para mucho más a lo científico. No sé si existe Dios, Dioses, etc., supongo que algo habrá detrás de todo esto pero ni es mi mayor preocupación y por supuesto, no va a marcar mi vida su existencia o no.
Precisamente uno de aquellos héroes a los que me gusta escuchar me dio una explicación a una preguntar más del ámbito de la teología. Yo le pregunté si existía Dios, por qué entonces había mal en el mundo? Desigualdades?..
Su respuesta fue otra pregunta que me dejó bastante perplejo en ese momento: Si no hubiera cosas malas, cómo sabríamos que ocurren las buenas?
Desde entonces me he dado cuenta que todo se basa en un sistema de equilibrio (y comparación), es decir, si nos ponemos a pensar fríamente, para haber cosas “buenas”, tiene que haberlas “malas”, al igual que uno es “alto”, porque en comparación, la media de gente es más “bajita” y así hasta que indudablemente llegamos a la comparación entre “ricos y pobres”, que es mucho más compleja y las variables ya no dependen tanto de los genes..
Mi huída de la religión se determinó cuando murió mi tía cuando yo tenía 8 años dejando a mi primo siendo un bebé y a mi tío, ambos destrozados toda la vida hasta que han fallecido este mismo año, uno detrás de otro. Todavía recuerdo la cara desencajada de mis padres al recibir la noticia nada más llegar a nuestro nuevo hogar. Coger el coche de nuevo y de vuelta. Mi tía era espléndida.. entonces por qué murió? La explicación del anciano cura a mi madre fue desafortunada: “Porque Dios se lleva a los mejores antes”; a lo que mi madre contestó de inmediato: “Pues ya puede ser Ud. malo para tener 80 años, trabajar para él y estar aún entre nosotros”.
Años después, en uno de mis primeros viajes a África, recuerdo camino del aeropuerto, el basurero más grande que he visto nunca, era una propia ciudad con multitud de gente caminando y buscando entre las bolsas y deshechos. Una humareda que desprendía un hedor insoportable impregnaba todo el ambiente y allí, entre todo aquello, unos niños buscando con un palo de madera como uno más. No tendrían más de 4-5 años, llenos de suciedad y moscas, en ese ambiente insoportable.. buscando un trozo de comida podrido que llevarse a la boca. En ese mismo momento, me acordé de mi hija, esperando en casa, protegida de cualquier problema de este otro mundo, merendando lo que le apetece con una nevera llena.. Que diferencia había? Algo tan simple y a la vez tan absurdo como el lugar o familia donde nació.. nada más. Creo que es la escenificación más evidente de lo que significa la palabra “INJUSTO”.
No me malinterpretes, no es una cuestión de equidad o reparto, soy extremadamente capitalista; es mucho antes, desde el inicio, por qué la desigualdad está ya en el origen?
Al final, nos guste o no, es así. Vivimos en un mundo injusto, donde hay gente buena que fallece pronto y gente horrible que parece que todo le sonríe. Vivimos en un mundo de comparaciones donde se tiende al equilibrio pero hasta que este llegue, siempre habrá extremos. La pregunta es: ¿Se llegará al equilibrio algún día? Lo dudo mucho.
En un mundo de comparaciones entonces es mucho más fácil apreciar las cosas buenas: identifica las malas y así sabrás también cuales son las buenas por pequeñas que sean. Normalmente sólo apreciamos las muy buenas pero nos olvidamos las buenas más pequeñas, que son muchas y harán que cada día sea mucho mejor. Cada día tiene un montón de cosas que te hacen feliz pero no le das la importancia que debería. Por ejemplo, en mi caso, la ducha de la mañana y el primer café del día marcan mi inicio de cada mañana. Son muy importantes y gracias al calentador y a Nespresso, son muy accesibles, luego pongo música y me voy a levantar a mi niña entre abrazos y besos. Sólo me di cuenta de lo importante que eran el día que no pude hacerlo. Es por eso que ahora, cada día cuando siento la ducha caliente en la espalda y el olor de mi café cayendo en la taza, paro un poco para disfrutarlo tal y como merece.. y corriendo a por mis abrazos! Te aseguro que la mueca de sonrisa me sale de inmediato y la carga de buena energía ya está disponible.
Además, apreciar esos pequeños buenos momentos también te ayudan a no apreciar los pequeños malos, por lo que ayuda nuevamente a que el día esté más hacia la zona buena que la mala.
Hazme caso, cierra lo ojos, piensa en todas aquellas cosas que te hacen feliz por pequeñas que sean: ver a tus hijos crecer cada día, un buen café con un amigo, una conversación con un compañero, el saludo del camarero que te conoce más que tú mismo y te espera con tu desayuno favorito, cuando suena la canción que más te gusta en la radio.. hay muchos momentos agradables y cotidianos que no nos damos cuenta la felicidad que nos proporcionan día tras día.
Disfrútalos.
