No os habéis dado cuenta que todo suena a nuestro alrededor? Con este gran invento, maravilloso que es el teléfono móvil, estas todo el día sujeto a notificaciones, entradas de mails, WhatsApps, aplicaciones, incluso llamadas a veces!!!
La tecnología sin duda es increíble, los que hemos vivido la época pre-móvil (incluso pre-internet…), nos hemos dado cuenta del cambio de nuestro día a día. Sólo hay que parar un momento y ver cómo estábamos y cómo estamos hoy.. Adoro la tecnología y el cambio sufrido con internet y la telefonía móvil es algo increíble.
Antes, hasta que no llegabas a casa o a la oficina, no sabías quién te estaba buscando, que ocurría fuera de tu alrededor. Comenzaron los “busca” y poco a poco, nuestro mundo se ha convertido en un sin fin de pitidos y gente hablando sola por la calle. Sin duda, el cambio ha sido extremadamente positivo pero cuando te quedas sin batería o por ejemplo, vas en el avión (hasta dentro de poco por lo visto) hay un momento de desconexión maravilloso que me hace sentir una tranquilidad tremenda y anhelada. Pero paradójicamente, si estoy en absoluto silencio también tengo una sensación absurda, como que necesito estar conectado a cualquier ruido para sentir que no estoy totalmente solo. Cocino y me pongo el móvil o el iPad para ir oyendo mis podcast o videos de humor (me muero con “Ilustres ignorantes”), si me ducho, tiene que ser con música, si me voy a dormir, tengo que poner la radio… al final, me he acostumbrado tanto a los ruidos que es como si no supiera vivir sin ellos.
Cuando la Pandemia del COVID-19, un momento totalmente apocalíptico que nos daremos realmente cuenta cuando pasen bastantes años, salí de viaje. Ir por la A-6 subiendo al puerto SOLO, sin un solo coche a mi alrededor, nadie, pero nadie en lo absoluto de la palabra. En una de las salidas de la autopista dislumbré un camino, me metí y anduve unos 300m hasta que ya estaba muy dentro de un bosque en la zona de montaña. Llevaba un sandwich y una botella de agua. Salí del coche, que quité la mascarilla y me senté encima de un tronco caído al lado del camino. La sensación de soledad, de silencio absoluto fue dramática, sensación de frío, miedo en sí. Yo solo, a decenas de kms seguramente de otro humano, sentado allí entre los árboles dándome el viento en la cara con su suave soplido. Allí, sentado en ese árbol, donde estuve más de una hora simplemente disfrutando del movimiento de las hojas, disfrutando como un niño pequeño, creía que me estaba volviendo loco.. Tanto necesitaba salir de todo? Tanto necesitaba esa paz? Estaba en casa, con mi mujer (entonces) y mi hija, protegidos pero no libres.. ese era el problema realmente.
Estaba claro que yo no tenía el poder de cambiar la situación, pero sí de modificar mi realidad. Comencé a ver las cosas de otra forma, ver mi tranquilidad en los ojos de mi pequeña. Crear de cero un nuevo proyecto del que podía dedicarle todo el tiempo que quisiera y sentir la libertad dentro de la cárcel de mi propia casa.
A raíz de aquello he aprendido a salir mentalmente de donde estoy por mucho ruido que haya y convertir ese momento en paz espiritual. Ahora, escribiendo desde un bar donde desayuno todos los días, atestado de gente, risas, conversaciones, el ruido de la cafetera.. pero es mi momento, mi momento de tranquilidad que me da una fuerza increíble para afrontar el día con toda la seguridad que todo va a salir bien.
He aprendido que el silencio absoluto no existe ya y aún peor, tampoco lo quiero. Confundía el silencio con tranquilidad y esto fue todo un logro ya que esta última sí es fácil de conseguir por mi mismo.
La tranquilidad reside finalmente en uno mismo. En el control de tu entorno y poder modificarlo según lo necesites, que te afecten menos cosas que no son extremadamente importantes y centrarte en aquellas que sí. Es fácil decirlo pero cada día avanzo más en la práctica. Cada día, me siento más tranquilo.
